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Innovar está en tus genes

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Primer artículo para la Serie Innovación de la publicación
digital gratuita WakeUp!
de Innova y Emprende

No podemos en una primera conversación, no hacer esta referencia a la definición y el sentido de la innovación. En un momento en que el término “innovación” está tan de moda y resuena por todos lados, necesitamos repensarlo y a veces reencuadrarlo, para que cobre más sentido en nuestras vidas y para que no desoigamos su mandato.

Innovar, si utilizamos la definición del Manual de OSLO[i], puede definirse como

“la introducción de un producto (bien o servicio) o de un proceso, nuevo o significativamente mejorado, o la introducción de un método de comercialización o de organización nuevo aplicado a las prácticas de negocio, a la organización del trabajo o a las relaciones externas.”

De aquí podemos rescatar lo siguiente: que existen distintos tipos de innovación (de producto, de proceso, de organización, de comercialización) y que la innovación es un proceso en si misma que lleva como resultado un impacto real en el sistema donde se implanta. Algo inseparable del concepto de innovación es el de aplicación real, concreta y su característica de “novedad” para el contexto en el que se aplica. Quiere decir, que aquello que resulta del proceso de innovación, debe ser novedoso y además debe ser adoptado por el medio. ¿Por qué hacemos foco en estas dos características?

Primero para señalar que un producto o proceso que se diseña o que se inventa, hasta tanto no fue introducido en un mercado o contexto real y fue adoptado  por el mismo aportando entonces el beneficio de su aplicación, no deja de ser un invento, no se considera una innovación.

Segundo, que no es exclusivamente la disrupción[ii] la característica de las innovaciones. Puede tratarse de una innovación incremental, algo que no rompe las reglas de juego vigentes en el contexto de aplicación o en el mercado global (como el caso del formato mp3 en la música), pero que sí resulta novedoso y aporta un beneficio medible en el contexto de su aplicación (una mejora organizativa que se implementa en una empresa y mejora la productividad,  por ejemplo).

Ahora, más allá de estas primeras definiciones y conceptos sobre la innovación, nos interesa centrarnos en nosotros como personas y nuestro vínculo vital con la innovación, para luego avanzar con un nuevo marco de referencia, en profundizar la innovación en contextos más específicos (una empresa como sistema productivo).

Podemos para ello, tomar otra definición de innovación que nos acerque más a nuestro objetivo, una definición que proviene de la cultura oriental, la de Nonaka y Takeuchi (1995):

“La esencia de la innovación es recrear el mundo de acuerdo a un particular ideal o visión.”

En este sentido más amplio, Carlos Vignolo señala que “La innovación es condición sistémica para la conservación de la vida” (Vignolo, 2003). Y tomamos esta última afirmación como disparador para nuestra primer conversación.

Como antes mencionamos, este proceso de la innovación, le permite a un sistema adaptarse a un entorno cambiante, es la única forma de sobrevivir. Nuestro organismo a través del tiempo, se fue adaptando al medio, sin alterar lo que constituye su esencia, para garantizar nuestra vida. De la misma forma, debe hacerlo todo sistema abierto (sea biológico, social, político, productivo, etc).

Siguiendo con Vignolo, cuando hablamos de personas  “la innovación es equivalente a lo que connotamos por aprendizaje, en su acepción más amplia, esto es, el conjunto de transformaciones que le ocurren al sistema biológico de la persona en respuesta a los cambios del entorno en que se mueve y con el cual debe mantener la congruencia.
Innovación, aprendizaje y vida son, así planteados, fenómenos muy inseparables.”

Desde esta mirada, es que traemos este mensaje positivo y motivador: Todo ser humano tiene la capacidad disponible para innovar.

¡Está en tus genes!

Es natural que te preguntes: ¿Por qué plantearme el tema de innovación en este momento de mi desarrollo en la Universidad?  Es más intuitivo pensar en dejar este tema para después, para la vida profesional. Puedes decirte: “Entonces como profesional, una vez finalizada mi trayectoria en la Universidad, dispondré de una capacidad enorme, de un potencial muy amplio para innovar y transformar el mundo.”

Wake Up!

El título de esta publicación, es la invitación a romper tu mundo, como escribe Hermann Hesse[iii].  Este despertar, lo exige el entorno que cada vez cambia con mayor celeridad, y que impone al estudiante universitario una nueva realidad que no espera los tiempos de su carrera a la graduación, que lo involucra en su cotidianeidad, que lo implica profesionalmente durante toda su trayectoria. Como venimos presentando aquí, la innovación es una capacidad siempre disponible, y desde tu propia biología, es imperativa, impostergable, esencial para tu vida. Esta misma metáfora aplica para tu trayectoria profesional, debes cambiar el enfoque y desplazarte desde el término “carrera” al concepto de “trayectoria”, en ese cambio, en esa modificación del relato sobre el tiempo que vivís en la Universidad, hay un aprendizaje profundo, hay un cambio de observador de una realidad, que entonces, te permitirá abrir un mundo de posibilidades que en una “carrera” pasan de largo. En la experiencia de otros graduados, de emprendedorismo e innovación que iremos compartiendo en estas publicaciones, podrás ver las posibilidades que surgen con este despertar, cuando logras transformarte como observador, cuando puedes reinterpretar la realidad que vivis, cuando logras “romper tu mundo”.

Hasta aquí una primer conversación sobre innovación, una invitación a que este tema se vuelva una preocupación en tu vida y podamos entre todos proclamar mas fuerte aún el llamado a nuestros compañeros y amigos:

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[i] Oslo Manual: Guidelines for Collecting and Interpreting Innovation Data, Third edition : OECD/European Communities, 2005

[ii] Clayton M. Christensen describió el término “Innovaciones Disruptivas” en su libro The Innovator’s Dilemma, publicado en 1997

[iii] “El pájaro rompe el cascarón. El huevo es el mundo. El que quiere nacer tiene que romper un mundo” (Hermann Hesse, Demian).

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